Insomnio infantil

El insomnio es una alteración frecuente y puede afectar desde lactantes de 6 meses a niños de 5 años.

Lo que caracteriza a este tipo de insomnio es la dificultad para que el niño inicie el sueño solo y los frecuentes despertares durante la noche. Suelen interrumpir su sueño de 5 a 15 veces y les es imposible volver a conciliarlo solos y sin ayuda. Al observarlos durante sus periodos de sueño, se tiene la sensación de que están “vigilando” continuamente y los padres suelen probar todos los métodos existentes para lograr dormirlos con escaso éxito.

A medida que el niño va creciendo y adquiriendo vocabulario se van complicando los momentos de iniciar el sueño ya que es el niño el que dicta las “normas” que deben seguir los padres para hacerlo dormir. El niño pide que le canten, quiere agua, dormir con los padres, dormir frente la TV etc. Nada de ello favorecerá las correctas rutinas de los hábitos del sueño y ni mucho menos solucionará el problema.

La causa que origina este problema es la deficiente adquisición del habito del sueño es decir existe una distorsión y desestructuración por asociaciones inadecuadas que el niño hace con su sueño, normalmente debidos a los múltiples cambios que realizan los padres para intentar que el niño se duerma .

Todos los padres hemos sufrido una etapa de no dormir y sabemos que esto es un problema , que como consecuencias minimas ,nos tiene irritados,somnolientos, angustiados y desconcentrados a diario.

COMO REEDUCAR EL HABITO DEL SUEÑO

Para iniciar la modificación de los hábitos del sueño es básico crear un ritual alrededor de la hora de acostarse. Esta rutina debe ser un momento agradable que compartan padres e hijo y debe tener una duración entre 5 y 10 minutos. Consistirá básicamente en un intercambio emocional de tranquila información en relación al grado de comprensión del niño, realizada en un lugar distinto de donde duerme el niño, como cantar una suave melodía, contar una pequeña historia real, o bien programar una actividad para el día siguiente. El niño deberá estar informado continuamente del tiempo que le queda antes de que inicie su sueño. Posteriormente lo dejaremos en su habitación, en la cuna o cama y nos despediremos de él.Es básico que el niño esté despierto cuando se salga de la habitación.

Hay que recordar que el niño aprende a dormir con aquello que los adultos le dan y que en sus despertares durante la noche, reclamará las circunstancias que el haya asociado con su hora de dormir (más de una vez me ha pasado, que cuando la niña se duerme con chupete y se le cae durante la noche, se despierta). Si el niño se duerme solo, volverá a dormirse solo cuando se despierte por la noche, pero si se ha dormido en brazos o bien “lo han dormido” meciéndolo, reclamara los brazos o el mecimiento.

Si la rutina es correcta, el niño esperará con alegría el momento de irse a la cama y encontrará fácil separarse de los padres cuando se vayan de la habitación. Ver la televisión antes de acostarse, aunque sea juntos no es una buena actividad, porque no permite el intercambio personal. Leerle un cuento, o hacer cualquier otra actividad tranquila es mucho mas recomendable. Es bueno que tenga junto a él su animalito de peluche, su juguete preferido o su almohada. Se sentirá mas acompañado cuando le dejen solo en la habitación y sobre todo descubrirá que permanecen con él cuando se despierte por la noche. Es muy importante la regularidad en la rutina nocturna para preparar al niño para el sueño.

Una vez terminada la rutina los padres abandonaran la habitación y deberán seguir una tabla de tiempos de espera, que ira aumentando de forma progresiva, siguiendo las técnicas conductuales de agotamiento, hasta lograr que el niño se duerma solo. Muy a menudo los padres quedan sorprendidos de la rapidez y efectividad de estos métodos, que puede ser manifiesta tras pocos días.

Es interesante, para completar el tratamiento, dar consejos a los padres sobre las pautas diurnas que deben seguir con su hijo, tanto en lo que se refiere al mantenimiento de unas rutinas horarias como a la relación personal con el niño. Todo lo que comporte dar seguridad a los padres redundara en la eficacia del tratamiento.

Siempre hay que tener presente que a un niño mal acostumbrado es muy difícil cambiarle los hábitos a partir del año de edad. El niño en crecimiento es un ser al que se le deben inculcar unos hábitos de sueño correctos, con tranquilidad y seguridad, para evitar posteriormente la aparición de múltiples distorsiones patológicas relacionadas con su sueño, que pueden dar lugar a divergencias y malestar entre los padres y repercutir negativamente sobre la salud mental familiar. El llanto repetitivo continuo de un niño durante la noche, con múltiples despertares, es una de las “pesadillas” mas duras de soportar.

Al valorar las alteraciones del sueño en los niños siempre hemos de tener en cuenta los siguientes elementos:

a- Que el síntoma es una información aportada por los padres y consecuentemente subjetiva.

b – Es necesario detallar la historia y evolución del síntoma de manera muy precisa, detectar factores precipitantes, psicológicos o orgánicos y determinar los elementos de mantenimiento del problema.

c – Es imprescindible la presencia de ambos padres para determinar ya desde la primera visita las interacciones de ambos con el niño.

d- El problema del sueño debe ser enmarcado dentro del ciclo de 24 horas ya que es muy probable que las distintas actividades diurnas influyan de forma clara en el sueño.

e- Descartar de entrada los procesos orgánicos mas frecuentes para cada grupo de edad que podrían distorsionar el sueño; cólicos, reflujo, intolerancia a la leche, infecciones de vías respiratorias altas, otitis media, atópia, etc.

¿Qué consejos podemos darles a los padres y madres?

  • Evitar sobreexcitación. Es muy importante evitar que los niños se fatiguen mucho o estén sobreexcitados.
  • Eludir situaciones que provoquen tensión y miedo. Como las agresiones o violencias en familia, gritos indiscriminados en los centros, ver películas violentas, castigarlos a quedarse solos en una habitación, situación que asociarían a tenerse que ir a dormir solos y que podría generarles miedo a la oscuridad.
  • Angustia de separación. Realizar los procesos de separación del niño de la madre y de otros adultos con los que tiene establecidos vínculos de apego de manera adaptativa, natural y no dramática, puesto que la angustia de separación entre los ochos meses y los tres años, es la principal causa de estados de insomnio. Durante el día, la angustia de separación se manifiesta por la constante demanda de permanecer en todo momento con la madre o adultos que le cuidan.
  • En caso de que el niño llore o demande la presencia del adulto constantemente. Si esto ocurre o se niega a acostarse sin la presencia de éste, se le podrá acompañar a la cama y permanecer con él, pero realizando otro tipo de tareas, de manera que se esté cerca de él pero prestándole otro tipo de atención. Cuando va conciliando el sueño, el adulto se irá alejando y paulatinamente disminuirá el tiempo de permanencia con él, distanciando su presencia física hasta salir fuera de la habitación, y hablándole sin tener que estar presente en el dormitorio del niño.

¿Cómo podemos entrenar el hábito del sueño para prevenir el insomnio?

  • Comenzar a incorporarlo desde los primeros días de vida.
  • Procurar que estén adquiridos o consolidados entre los 3-4 primeros años de vida, ya que, una vez establecido, no desaparece jamás; para ello es necesario que se planifique el programa de actuaciones previamente, lo que comporta saber o conocer si se tiene o no capacidad y maduración para ejecutar las actuaciones que se van a desarrollar.
  • Realizar las actuaciones con regularidad y firmeza y con carácter repetitivo: horario fijo, trato y actuaciones estables, procurando no hacer excepciones.
  • Producir en el niño sensación de satisfacción mientras se llevan a cabo estas actuaciones, con canciones de cuna, lectura de cuentos, tecnicas de relajación, masajes…
  • Realizar actividades idénticas aun cuando las lleven a cabo diferentes personas sobre el mismo niño.
  • Asociar las conductas que forman el hábito a rituales, por ejemplo, antes de acostarse lavarse los dientes, hacer pis.
  • El adulto ha de actuar siempre de modelo en su desenvolvimiento cotidiano y, así, si el adulto posee el hábito y lo exhibe, es más fácil que el niño lo imite.

FUENTE

http://neurologia.rediris.es/congreso-1/conferencias/son-3.html

MÁS TRASTORNOS DEL SUEÑO EN NIÑOS

http://www.psicologoinfantil.com/trassleep.htm 

CONSEJOS PARA FAVORECER EL SUEÑO

http://www.youtube.com/watch?v=3AWE5euZc_I

ALGUNOS RECURSOS EDUCATIVOS QUE AYUDARÁN A DORMIR A LOS PEQUES

http://www.elhuevodechocolate.com/

 

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